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Una de las más bonitas historias de amor jamás contadas.

La más bella leyenda que cuentan los ancianos del Valle de Aran fue real como la vida misma y tuvo lugar en Bausen (Bajo Aran) a principios del siglo XX. En aquel tiempo la Iglesia todavía tenía un gran poder sobre la vida de los feligreses.

En los años 1920, dos jóvenes de este encantador pueblo. Él se llamaba Francisco y pertenecía a la casa Doceta, ella Teresa y pertenecía a la casa Belana.  Francisco y Teresa, se enamoraron tan tiernamente que su amor cautivó a todos vecinos. Cuando decidieron casarse, el párroco les exigió una gran suma de dinero como dispensa por el hecho de estar emparentados, aunque fuera un parentesco lejano, necesitaban una dispensa de Roma y no cedió a las suplicas de los dos enamorados. El sacerdote, el necesario antagonista, el que realza con sus acciones la fatalidad de los enamorados, se llamaba Joaquín Tellosa y estuvo a cargo de la iglesia de Bausen durante 47 años, entre 1878 y 1925.

La pareja no disponía de tanto dinero y, a pesar del verdadero amor que se profesaban y del apoyo de sus familias y de toda la gente del pueblo, el párroco no cedió a las súplicas de los enamorados y les advirtió que lo mejor sería que encontraran ambos a otra persona con quien casarse “decentemente”. Aun así, y tras largo meditar, la pareja decidió tirar adelante con su relación sin la bendición católica y vivir bajo el mismo techo, lo que generó un revuelo en el pequeño pueblo.

A pesar de ello, vivieron felices durante algunos años y tuvieron dos hijos. Unos años más tarde, Teresa, con sólo 33 años, enfermó y murió. El mismo cura, también en esta ocasión, se negó a darle santa sepultura en el cementerio del pueblo al considerar que vivían en “pecado” y que unos “pecadores” como ellos no podían recibir sacramento alguno. Ante ello, todos los vecinos del pueblo, sin excepción, decidieron apoyar a Francisco y le ayudaron a cavar una fosa para su mujer. En sólo 24 horas construyeron un cementerio civil para ella, en la zona donde habían festejado su amor. Aquí dieron un entierro digno a Teresa y todavía hoy puede visitarse la tumba donde descansa, bajo la sombra de unos álamos, y siempre con flores frescas.

En la lápida puede leerse la inscripción “A mi amada Teresa, que murió el 10 de mayo de 1916 a los 33 años”.

Según cuentan, Francisco y sus dos hijos tuvieron que exiliarse a Francia al estallar la Guerra Civil. La voluntad del amante, que nunca se casó, era que lo enterrasen junto a su amada, pero al morir en tiempos de la Dictadura, las circunstancias y la burocracia lo impidieron. Sus hijos murieron ya hace tiempo y son sus nietos quienes hoy en día aún se encargan de la conservación de la tumba de Teresa.

Se trata sin duda de la tumba más famosa de la Val d’Aran, situada a las afueras del pequeño pueblo de Bausen. El apacible lugar es conocido como El Coret, al final de un camino de montaña que desemboca en una planicie poblada de acacias después de hundirse bruscamente en el terreno. Desde allí se domina el magnífico valle de Torán.

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