Nos dirigimos a Bausen, el municipio más septentrional de la Val d’Aran, de Catalunya, colindante con la frontera francesa. Este pueblo, de poco más de setenta habitantes, se encuentra a más de 900 metros de altitud, a la izquierda del río homónimo.
La denominación parece designar el ‘territorio del oso’, ya que en Bausen habitaba una especie autóctona de oso. Como se trata de un lugar fronterizo ha tenido muchos pobladores temporales (cuerpos de policía, soldados y campamentos de obreros).
Aparcamos unos cuantos metros antes de llegar a Bausen. Entramos a pie al pueblo, tan solitario como mágico, tan bien cuidado que produce esa sensación de alegría al descubrir algo increíble que se esconde a buen recaudo y solo algunos tienen el privilegio de encontrarlo. A nuestros ojos es un pequeño tesoro del Val d’Aran. Subimos las escaleras que nos llevan hasta la Iglesia de Sant Pèir Ad Víncula del s. XVIII que es el único vestigio que queda en pie después del incendio que, en 1823, arrasó a todo el pueblo. Paseando por sus empedradas calles desiertas, podemos ver impresionantes casas típicas del Val d’Arán. El entorno es indescriptible las diferentes tonalidades de verde y la frondosidad de las montañas le dan la característica de pueblo de cuento al que acompaña una gran historia de amor y muerte.

Salimos del pueblo en dirección a la ermita de San Blas, junto a ella admiramos un tilo centenario y nos columpiamos en el columpio que cuelga de una de sus ramas. A pocos metros se encuentra, sin duda, la tumba más famosa de la Val d’Aran. El apacible lugar es conocido como El Coret, al final de un camino de montaña que desemboca en una planicie poblada de acacias después de hundirse bruscamente en el terreno. Desde allí se domina el magnífico valle de Torán, Era Lana de Les y el macizo de las Maladetas.Este cementerio pagano, el más pequeño de España, acoge una única tumba y una de las más bonitas historias de amor.
Las calles del pueblo dirigen al sendero que nos llevará al bosque.
Después de ver Bausen y visitar la tumba de Teresa, continuamos nuestro camino hacia el Bosque Encantado de Carlac. Una de las mejores rutas que podemos hacer en el Valle de Arán, El recorrido es circular de 6,5 km de longitud. El camino es aéreo con vistas a Canejan y, al fondo del valle, el Garona, y se adentra en el hayedo milenario de Carlac. Este recorrido nos permite descubrir el precioso y, al mismo tiempo, fantasmagórico hayedo y sus extraordinarias variaciones cromáticas. El camino sube al Coret de Pan, desde donde disfrutamos de impresionantes vistas de la vertiente N del macizo del Aneto-Maladeta. Desde el collado, descendemos por una zona de pastos cubiertas de helecho hacia las bordas de Sacrotz y regresamos a Bausen. Se trata de un itinerario fácil, pero con un poco de desnivel.
La ruta circular comienza con unas vistas impresionantes y nos adentra en el mágico bosque de Carlac.
Os cuento la historia de los amantes de Bausen
Francisco y Teresa estaban enamorados y paseaban por el pueblo a ojos de sus vecinos sin ningún problema. Llegado el momento decidieron casarse y acudieron al párroco del pueblo.
El capellán que siempre velaba por sus feligreses indagó en las familias y descubrió un parentesco. Hay que decir que en esa época había poca movilidad y se daban casos en los que había primos casados. La única manera de salvar este escollo era el pago de una dispensa a la iglesia.
Se comentaba que no se podían permitir el pago de la dispensa. En aquellos tiempos la gente se iba a trabajar a Francia en invierno y en primavera volvían con dinero. La dispensa costaba 12 pesetas, el jornal de dos días. Puede que Francisco tuviera para pagarla, pero no quería regalar a la iglesia el dinero que había ganado con su sudor.
Su amor era más fuerte que la presión de la iglesia. Decidieron unirse bajo el mismo techo y aguantar las amenazas del capellán Joaquín Tellosa.
Francisco y Teresa tuvieron dos hijos, pero la felicidad duró poco para esta pareja de enamorados. Teresa cayó enferma de neumonía y en seguida su vida se extinguió. Esto ocurrió el 10 de mayo de 1916.
Cuando el viudo acudió al párroco para enterrar a Teresa este se negó. Le ofreció el espacio que hay en los cementerios para las personas que no han sido bautizadas o que han vivido en una situación irregular. A Francisco no le pareció correcto marcar a su amada para la eternidad.
De inmediato todos los habitantes del pueblo construyeron un cementerio solo para Teresa, tardaron 24 horas en tenerlo acabado. El epitafio reza “A mi amada Teresa que falleció el 10 de mayo de 1916 a la edad de 33 años”. Al final Francisco se trasladó con sus hijos Cándido y Valerosa a Francia. Cuando murió no pudo ser enterrado junto a su amada por culpa de la guerra civil.
Durante la ruta nos encontramos puntos tan emblemáticos como estos.
Sus bisnietos se encargan de que nunca falten flores en la tumba de Teresa.
Artículo facilitado por Tònho Porras, Professor Esquí, miembro d» Era Escòla» Baqueira y Guía de Natura y Turístico/Cultural
TEL. 629 334 840
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