Montgarri es un pueblo sin serlo. “Nunca fue un pueblo al uso, sino un conjunto de masías dispersas de payeses que tenían su ganado en las propias fincas”, explica el sacerdote aranés Jusèp Amiell, hijo de Garòs y traductor del Nuevo Testamento a la lengua aranesa. Mn. Amiell, es un fervoroso apasionado de la cultura y la historia del Valle de Aran, donde el santuario de Montgarri tiene un valor especial. “Cuenta la leyenda que en los prados donde se levantó el santuario solía pacer un toro con su manada de vacas, una manada que vigilaba el propio toro, que acostumbraba a arrodillarse siempre en un punto concreto del terreno. Y se dice que en ese lugar donde se arrodillaba fue hallada la imagen de la actual virgen de Montgarri”.

El día de la romería, el 2 de julio y otra que se celebra el 15 de agosto, los fieles llevan en procesión a la virgen desde el interior de la iglesia hasta ese lugar, a unos 40 metros del santuario.

Refugio y santuario son las únicas construcciones que hoy se mantienen en pie en Montgarri, además de dos masías. Una de ellas es el restaurante Casa Vall de Montgarri, y la otra, una vivienda particular. El edificio actual del santuario es del siglo XVI, pero la fundación del edificio se remonta a los años 1117-1119.

Montgarri nació aprovechando la cercanía del Noguera Pallaresa y sobrevivió durante años gracias a la ganadería y a los pastos de alta montaña. Está situado a la nada desdeñable altura de 1645m y es el último pueblo de la Val d’Aran, poco antes de entrar en el Pallars Sobirà a través del camino que lleva a Isil. Este camino tiene mucha historia, no sólo porque se usaba como acceso para mercancías y paso de habitantes, sino porque fue utilizado por los judíos que huían de la represión nazi alemana y que entraron en nuestro país. La existencia del santuario indica la bonanza que vivieron en su día los habitantes de este valle.

El pueblo de Montgarri, a mediados del siglo XIX, se componía de unas 13 casas, un primer conjunto de 3 se hallaban entorno a la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Montgarri y el resto de las casas se ubicaban a unos diez minutos andando. Su medio de vida era la agricultura y ganadería. Los cultivos, por la dureza del clima, se limitaban básicamente a prados para alimentar al abundante ganado vacuno que se criaba en la zona. La subsistencia se completaba con pesca y caza de perdices, cabras montesas, lobos e incluso algún que otro oso.

La historia cuenta de la muerte de su última habitante, que fue enterrada bajo la nieve por su marido, a fin de que se conservara y poderle dar en primavera una sepultura digna bajo tierra, cuando el deshielo lo permitiera, hasta historias tan interesantes como el paso de Mossèn Cinto Verdaguer Montgarri en una romería allá por el año 1883.

La calma del lugar, las espectaculares vistas de 360 grados y los caminos y senderos que salpican las laderas de las montañas en ese rincón pirenaico son los grandes atractivos de Montgarri. Se puede acceder desde Vielha, por la carretera C-28 hasta Beret y, una vez allí, se puede dejar el coche en el aparcamiento y continuar a pie por una pista forestal señalizada. Cuando no hay nieve, se llega hasta el refugio de Montgarri en una hora aproximadamente. Si ha nevado, el acceso hasta el refugio se puede hacer esquiando, con motos de nieve o raquetas, o en trineo tirado por perros. El refugio de Montgarri, que está abierto desde el 1 de diciembre hasta el 7 de abril y del 20 de mayo al 15 de octubre.

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